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jueves, 9 de agosto de 2018

LA IMAGEN DE LA VIRGEN DEL CÉBRANU


La Iglesia de Santa María de Carrea aparece citada  ya en documentos del siglo X  (“Sancte Marie de Carregia“ en el año 912 aunque con dudas en cuanto a su autenticidad) y en el siglo XIV (1331).
No disponemos de información alguna sobre la imagen de la Virgen que hoy se venera ni por medio  de documentos escritos ni gráficos anteriores al siglo XX.


                            
En una postal del santuario de los años veinte del siglo pasado aparece, hasta donde sabemos, la primera imagen de la Virgen del Cébrano.


                
En todos los estudios y referencias que se establecen en torno a la imagen se la considera de forma taxativa como románica-bizantina, lo cual no se puede afirmar con tal rotundidad.
Los avatares de la guerra civil supusieron la destrucción de la imagen lo que supuso una pérdida irreparable desde el punto de vistas histórico-artístico. Sólo se conservó en dos fragmentos la cabeza de la imagen y es el único vestigio que ha llegado a nuestros días de la imagen original, aunque algo alterada por la policromía, tras la restauración y posterior reconstrucción del cuerpo de la Virgen y del niño.


                                     
Es posible que la talla original pudiese ser de época medieval y de estilo románico. Iniciado el modelo en torno al siglo X, este tipo de imagen (denominada en la iconografía “Virgen Theotokos, Kiriotissa o Sedente”) se desarrolla especialmente a partir del monasterio Cluny, pasando después de los monasterios a las parroquias. Su origen iconográfico directo habría que buscarlo en los modelos bizantinos y romanos.
Simbólicamente la Virgen se entiende como Trono de Dios pero también “Sede de la Sabiduría”, según avanza la cronología y el papel de la Virgen aumenta en la liturgia cristiana.


                                        
La Virgen María, al modo de las matronas del Bajo Imperio y de las emperatrices  bizantinas, lleva túnica y manto y sirve de asiento  a su Hijo. En su mano podría portar una esfera (creadora del universo) o una manzana (redentora del pecado). Y tanto su cabeza como la del niño estarían coronadas.

Lo que resulta evidente es el carácter mayestático, su frontalidad, hieratismo e inexpresividad que marca la distancia entre lo divino y lo humano en el mundo románico.

Sin embargo a lo largo del siglo XVII los gustos estéticos barrocos hicieron que las imágenes se cubriesen. Las Vírgenes comenzaron a ser “vestidas” para tratar de obtener supuestamente una mayor sensación de realidad. Asimismo las coronas se perdieron e incluso las cabezas de los niños fueron sustituidas por otras de cabellos rizados y más sonrientes.


                           
La costumbre de “vestir” las imágenes con ropajes ampulosos y ricas joyas ha continuado hasta nuestros días de tal manera que la actual Virgen del Cébrano tiene tres “mantos”  (azul, rojo y blanco) como podemos comprobar en las fotografías.


                                            
Asimismo, al desaparecer las coronas de las imágenes medievales, las coronas se constituyeron en una joya exterior a la talla y por encima de los ropajes.


                         
Los que se acercan a la “novena” antes de la fiesta del 15 de Agosto tienen la oportunidad de ver la imagen en sus distintas formas, pero lamentablemente todas ellas están lejos de acercarnos a la obra artística original. 
Aunque la reconstrucción del cuerpo de la Virgen y el niño se realizó con buena voluntad, no consigue acercarse a un original que, por otra parte, cada uno tendrá en su imaginación.
                                   
                                 Francisco Javier García Valledor

sábado, 8 de julio de 2017

ESCULTURA URBANA DE TEBERGA

Existen en la actualidad 4 monumentos escultóricos en los jardines de Teberga que han ido jalonando la historia del concejo. Son esculturas erigidas en memoria de personas que han sido significativas en la vida tebergana en tres casos y en el último se pretende recordar a un colectivo: los mineros.

                                   

Por orden cronológico la primera de ellas en memoria del Doctor Antonio García Miranda, médico oftalmólogo e investigador, nacido en Barzana, aunque que desarrollo su actividad profesional fuera del concejo. El monumento en su recuerdo se alzó el 25 de Julio de 1953, siendo el más antiguo de los existentes y está .situada en la actualidad en Samartín, delante del centro de salud.

Su autor fue uno de los más destacados escultores de aquella época, el ovetense Víctor Hevia Granda (1885-1957), autor de numerosos monumentos escultóricos destacados de Oviedo  al tiempo que desempeñaba su labor de profesor en la escuela de artes y oficios y realizaba su fundamental trabajo de restaurador en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo.




El segundo, situado ante el palacio de Entragu, es un monolito en homenaje al maestro D. Ángel Urbano Piñero, nacido en 1908 en  Valverde de Fresno (Cáceres). Desarrolló toda su labor docente en la escuela de Entragu desde 1948 hasta el año de su fallecimiento en 1974, dejando una huella imborrable entre sus alumnos que, junto a vecinos y amigos, sufragaron este relieve en el año 1977.

El relieve del rostro está realizado en una roca extraída en la cantera Boniella de Llanera por el escultor popular Andrés “Xixón” que realizó innumerables obras conmemorativas diseminadas por toda Asturies.




El tercer monumento escultórico, situado en La Plaza, data de 2005 y está realizado en homenaje a José Ramón Álvarez Argüelles. Nacido en 1935 en Campiel.lu, fue  alcalde de Teberga entre 1987 y 2003. Falleció en el año 2004 y la escultura se realizó por suscripción popular encabezada por el ayuntamiento tebergano.

El autor del busto, en bronce, fue el escultor y pintor Juan  Martínez Rionda  (Xixón, 1951) con una extensa obra.




 El último, hasta ahora, es una obra que trata de homenajear a un colectivo de trabajadores, los mineros que tanta trascendencia han tenido a lo largo de todo el siglo XX en la economía, la vida y la propia idiosincrasia del pueblo tebergano.

La obra, realizada por iniciativa del Montepío de la Minería de Tebergay sufragada  por suscripción popular y la asociación de jubilados y pensionistas, se inauguró en el año 2013 y está situada en la rotonda de Samartín.

Su autor es el mierense Gonzalo Prado Grela (Los tableros, 1966), artista que desarrolla una actividad, tanto en pintura como en escultura cercana al  expresionismo abstracto. Esta obra de tipo más naturalista la realizó, sin embardo, con una innovadora técnica: un armazón de hierro y 7 kilometros de hilo de cobre que finalmente al incinerarse dan la robustez final de la figura.

Estas son las esculturas urbanas  con las que al día de hoy disfrutamos en Teberga. No son pocas para un concejo como el nuestro y tienen, además de su valor artístico, un valor significante de los diversos momentos de nuestra historia en la que se homenajea a un doctor, a un maestro, a un alcalde y a un trabajo de miles de hombres que han dejado poso en los que hoy es nuestro concejo.

Sin embargo, creo que hay una ausencia imperdonable, la de la memoria de las mujeres y hombres que desde hace miles de años se asentaron en el territorio tebergano trabajando nuestra tierra y desarrollando la ganadería. Mujeres y hombres que con su quehacer duro y cotidiano dieron forma a lo que hoy es el paisaje de esta tierra.
El campesinado es seguramente el gran olvidado en nuestros monumentos escultóricos. Pero todo tiene remedio y el futuro puede dar respuesta a este olvido.


                                         Francisco Javier García Valledor

DOS NUEVOS BIENES TEBERGANOS EN EL INVENTARIO DE PATRIMONIO CULTURAL DE ASTURIAS

El BOPA de hoy, 29 de Xunetu de 2020 publica la incorporación de dos yacimientos arqueológicos de Teberga en el Inventario del Patrimonio cu...